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de madera vieja

Soy Rows Mera y estoy aquí para contarte y compartir historias, vivencias, recuerdos, crónicas y todo aquello que traen los días con sus noches.

Sphere on Spiral Stairs

¿Cuánto pesa un muerto?

Me lo pregunté mientras detenía mi andar sobre la calle empedrada.

¿Cuánto pesan los muertos?...

Frente a mi pasaba un cortejo fúnebre con muchas personas en un andar lento, flores de nube, crisantemos y lilís blancas, ropa negra y niños cansados por el sol del medio día, ajenos al dolor de la muerte.

Caminaban con el ataúd expuesto a las miradas ajenas y curiosas, de uno de tantos cortejos que a veces se cruzan por alguna avenida cuando se vive cerca de un camposanto y generan una fila interminable de carros que circulan lento, despidiendo amigos, padres, amantes, vecinos.

¿Cuánto pesa un muerto? me lo pregunté mientras veía caer las gotas de sudor por la frente, de uno de los hombres que con gran esfuerzo cargaba el ataúd sobre sus hombros.

¿Quién pesa más un hombre o una mujer?, al final ¡qué importa!, pensé que el peso físico es irrelevante.

Asumí que el peso se carga más en el alma, en esas memorias que se quedan atrapadas en una fotografía, en cada rincón del patio, en un jardín con flores, en el comedor, entre las paredes de la casa y en el frío de la soledad, pesa más la ausencia que un cuerpo.

 

Pensé que el peso de un muerto es algo que cuesta cargar cuando esa presencia se ha ido sin avisar y sin pedir permiso.

Seguí el séquito con la mirada, en silencio... sin moverme... casi sin respirar.

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Works

Bio

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Soy escritora de clóset, así lo digo porque me gusta ocultarme en un lugar solitario para escribir, siempre llevo conmigo una pluma bic azul.

Escribo desde que tengo uso de razón, si lo hago bien o no, es opinión de mis tres lectores; guardo hojas de papel, servilletas, manteles de restaurantes que a veces me sirven para atrapar las ideas. Me gusta escribir cartas como lo hacían en los 60´s.

 

 Tengo un cajón en el que guardo las ideas sin forma, junto con pequeños tesoros y los chicles de canela. 

 

 Escribo por placer, también para exorcizar demonios y porque para mi es la mejor forma de comunicarme con el mundo; gracias a este ejercicio bendito, descubrí con el paso de los años y con muchos tropezones, que las comas hacen la diferencia, que hacer pausas en la vida como lo hace una coma en una lectura es necesario y bueno.

 

Si lo pienso los puntos seguidos me gustan más, son pausas prolongadas que prometen seguir la historia.

Los puntos y aparte me ayudan a respirar, a encontrar continuación entre las ideas con calma,  paciencia, a conectar con el alma; me dan oportunidad de conseguir un café para disfrutar más la historia que se gesta entre el teclado y la hoja en blanco... pero los puntos finales... esos sí me dan miedo escribirlos, llevan más tiempo, más lágrimas, más sentimiento y no lo niego, muchas veces traen consigo una inmensa alegría.

 

Siento respeto por los puntos finales, ya que llevan en su nombre la idea del adiós, de no volver, de lo que no fue y como decimos los mexicanos un punto final significa:  a otra cosa, mariposa. Vuela por otros aires.

Hoy reinicio esta nueva etapa de escritura, con muchas comas, muchos puntos y seguido y porqué no? alguno que otro final.

Gracias por tomarte el tiempo de leer, si compartes un pedacito de mi sentir con mucho gusto nos leemos.

Olvidé decirte algo importante: La felicidad sabe a piña.

2026 UIOGD

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